Debían de ser las cuatro de la mañana cuando Irving escuchó un GN (abreviatura para decir buenas noches, Good Night). Casi al mismo tiempo aparecieron varios GM (Good Morning). Algunos salían y nuevos compañeros entraban en la conversación. Unos se iban a dormir y otros se acababan de levantar. Durante un rato, Irving había estado observando en silencio la conversación que se mantuvo entre un chico y una chica del grupo, que creían estar solos, y que acabó con un cariñoso «hasta mañana, cariño». En ese momento ya eran más de cuarenta y dos amigos los que podían conectarse a la red para conversar cada noche. Era muy divertido.
¿A que parece el relato sobre un chat de amigos como los que hay a miles en Internet?, Esta descripción, hecha por uno de los participantes
Irving Vermilya, se refiere a una red privada de telégrafo que un grupo de muchachos adolescentes creó en su pequeña ciudad cerca de Nueva York en 1903, noventa años antes de que Internet fuese un fenómeno extendido. Era un chat telegráfico.
Habían tirado hilos a través de las viviendas y cruzado los jardines, en muchos casos por la noche y con la oposición de sus dueños. La infraestructura estaba formada por hilos de cobre, de hierro, de distintas longitudes y grosores, y la calidad no era muy buena. Se organizaron en una pequeña compañía sin ánimo de lucro en la que cada uno ponía un dinero para los costes generales, y se reunían regularmente. En una de las reuniones se decidió que se precisaba más energía para superar las deficiencias del tendido. Uno de ellos colocó un cable de su red telegráfica unido disimuladamente a una línea de corriente en la calle, y pudieron funcionar dos años con aquella fuente de energía hasta que fue descubierta. Por fin podían prescindir de las baterías, caras y poco eficaces. Este Party Line les daba una sensación de intimidad y de libertad que justificaba la dificultad de haber tenido que aprender lo que era considerado una herramienta de profesional: el código Morse para enviar y entender los mensajes.
Apenas un año después, en 1904, un joven acomodado se encontraba en un barco camino de Europa y estaba momentáneamente sin dinero por una mala partida de cartas. En esta apurada situación recordó que su madre estaba haciendo un crucero en un barco que viajaba hacia el Oeste en la misma ruta que el suyo. Se dirigió al capitán, que calculó el punto de mayor cercanía entre ambos barcos. En el momento convenido, él y su madre se encontraban en las cabinas de los radiotelegrafistas de sus respectivos barcos. La madre entregó dinero en metálico al oficial telegrafista y éste indicó al del otro barco que entregara una cantidad igual al hijo. El costo de la operación fue de unos centavos por cada palabra transmitida. La transferencia electrónica de fondos se había realizado gracias a la innovación más reciente del mundo de las telecomunicaciones: la radiotelegrafía.
EXTRAIDO DEL LIBRO “HISTORIAS DE LAS TELECOMUNICACIONES-CUANDO TODO EMPEZÓ”-AUTOR: JOSÉ DE LA PEÑA, EDIT. Ariel. Paginas157-159.
Gentileza del socio Ing. Héctor Raúl Vega Espínola.
jueves, 20 de abril de 2006
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